Postulados teóricos y metodológicos de la historia ambiental
La historia ambiental puede considerarse una línea del saber histórico que hasta la actualidad a generado un gran aparataje teórico y metodológico, que se ha constituido sólidamente como un enfoque de estudio dentro de la ciencia histórica, el cual es de vital importancia para generar estudios concernientes al desarrollo de las relaciones socio ambientales en los procesos históricos que han marcado la forma en que la cultura, la política y la sociedad se encuentran organizadas dentro de patrones simbólicos y representativos.
Para Stefania Gallini “la historia ambiental es legítima y sólida dentro de la historiografía, donde la razón fundamental por la cual es pertinente y legítimo hablar de “historia ambiental”, no como moda efímera, sino como campo serio del saber histórico, es la masa crítica que ha alcanzado”. Una masa crítica que se manifiesta a partir del surgimiento de diversos movimientos culturales e intelectuales que estimaron a la naturaleza más allá de interpretaciones simplistas que conciben a la naturaleza y al medio ambiente como un simple telón de fondo en el desarrollo de los procesos humanos, se comenzó a dilucidar que este elemento se constituye como una parte fundamental dentro de los conflictos y representaciones sociales.
Ya menciona Sayra Rodríguez que la historia ha caído en un notable antropocentrismo del que apenas hace unos pocos años se está empezando a reevaluar para otorgar un papel más importante a la naturaleza en el desarrollo de las representaciones culturales que mueven a las sociedades en el tiempo histórico. “La historia ambiental con todos sus caminos puede ayudar a la disciplina histórica a transitar hacia un análisis menos antropocéntrico y alejarse de enfoques meramente político-militares, sociales o económicos”.
En este sentido es evidente que la historiografía tradicional poco se ha preocupado por los temas ambientales en los procesos históricos de diferente índole, dejando esta tarea a expertos de otras disciplinas cercanas a las ciencias naturales y económicas, lo que se torna preocupante por los vacíos que se pueden generar sin un adecuado examen historiográfico. Aunque bien, cabe aclarar que desde el siglo pasado se han hecho esfuerzos para suplir esta carencia historiográfica. “Sin embargo, la abdicación de los historiadores hacia el medio ambiente y la “ocupación” de ese espacio por parte de otros estudiosos indican la existencia de una inquietud a la que los historiadores no están respondiendo, con consecuencias que llegan a ser sensibles”.
Por esto, Francisco Rubio Durán menciona que se torna expresamente necesario que los historiadores de nuestra época presten la máxima atención a estas problemáticas ambientales desde contextos específicos que permitan establecer una relación con aspectos de tipo global. “Es decir, resulta necesario plantearse una perspectiva, un enfoque desde el pasado que, con nuevas preguntas y nuevas fuentes o recursos analíticos, permita acercarnos al conocimiento del particular proceso histórico de la relación entre el hombre y su entorno en la región”.
Esta perspectiva ambiental es un tema de gran importancia dentro de las ciencias sociales del siglo XXI, pues desde que el ser humano ha llegado a los límites de la destrucción y la sobreexplotación de los recursos, se ha gestado una conciencia social y cultural respecto a la conservación de la naturaleza en el planeta, dado que en ningún contexto histórico conocido se han llevado a cabo las formas colosales de explotación que se están llevando en la actualidad. En palabras de Elena Sandoica, “la historia ecológica (o “ambiental”) tiene mucho que ver, en su definición estricta, con el aumento de la sensibilidad pesimista frente a los riesgos de la civilización actual”.
Esta conciencia social ecológica de nuestros tiempos ha impactado en varios espacios intelectuales y culturales por el inminente exterminio que la sociedad moderna ha ejercido sobre la naturaleza. Donald Worster menciona que “el súbito aceleramiento del deterioro ambiental en todo el planeta a partir de la II Guerra Mundial ha sido en gran medida el resultado de nuestro espíritu emprendedor en el campo de la ciencia”. Razón por la cual se torna evidente que el avance material del hombre es contradictorio, porque cuando se generan nuevos avances, la ciencia se muestra ante el ser humano como un puente capaz de llevarlo a nuevas etapas de desarrollo y progreso ilimitado, pero al tiempo que esos mismos avances devastan la tierra, la ciencia se convierte en un objeto de terror ante lo que podría ser el auto exterminio del género humano de la faz del planeta tierra.
Son los cambios ecológicos de corta duración los que permiten evidenciar que estamos atravesando un fuerte proceso depredatorio de los recursos naturales no regenerables, lo que rebate las suposiciones de la historia total de Braudel que concibe los cambios ecológicos como transformaciones de extensa y larga duración dentro de los procesos humanos. Por ello, Juan Alier menciona que “es posible incluso que el clima, que parecía un fenómeno de larga duración, con evoluciones lentas, tenga ahora cambios globales rapidísimos de origen humano”.
Es en este sentido, se torna evidente que como estudiosos del caso, los historiadores han de dirigir su mirada hacia escenarios distintos dentro de la historiografía, de forma tal que se supere el antropocentrismo que nubla en cierta medida aquello que nos dinamiza y nos constituye como cultura, y es la representación que genera la sociedad hacia el entorno natural que compone un fluir particular dentro de su historia y sus conflictos, pues cada sociedad implementa formas particulares en el tratamiento del territorio. “Por tanto, lejos de naturalizar la historia, la introducción de la ecología en la explicación de la historia humana historiza la ecología, ya que la ecología humana, es decir, las relaciones entre las sociedades humanas y la naturaleza no se entiende si no entendemos la historia de los humanos y sus conflictos. La ecología no es ningún telón de fondo de longue durée, sino parte de nuestra historia”.
En realidad la crisis ambiental de nuestro tiempo difiere mucho de las que se han sufrido a lo largo de las épocas humanas, pues muchas de las formas de extracción actual de los recursos impide la regeneración de los mismos, lo que conlleva a que cada vez más se torne mas difícil acceder a los recursos principales de vida. Guillermo Castro menciona que las dificultades ambientales de tiempos pasados llevaban intrínsecamente el orden natural de cosas. Actualmente, existen catástrofes ambientales que reflejan una fuerte incidencia humana con implicaciones globales, como: Chernobyl en Ucrania, la nube de dioxina en la empresa Seveso en Italia, la fuga de isiocianato de metilo de planta Union Carbide en India, el vertimiento constante de aguas contaminadas de la planta nuclear Fukushima al océano pacífico y las ocasionadas por la inmensa tala de árboles y la sobreexplotación de aguas subterráneas, entre otras.
Por ello, menciona Castro, que la crisis ambiental “de nuestro tiempo, en cambio, tiene un alcance global; afecta a todas las modalidades contemporáneas de relación de los humanos con el mundo natural; se desarrolla con intensidad creciente; y además, se torna ya en una crisis ecológica a través de procesos como el desgaste de la capa de ozono, el calentamiento de la atmósfera, la pérdida de biodiversidad y la contaminación masiva del aire, el agua y los suelos del planeta”. Son afecciones que generan consecuencias muy perjudiciales para las especies vivas del planeta, porque compromete la calidad de elementos tan esenciales como el agua, el oxigeno y los alimentos.
Por esto, el historiador ambiental se convierte en un vocero ecológico al querer develar los rápidos ritmos de degradación de la biodiversidad de nuestros tiempos y al difusionar las calamitosas consecuencias que este problema puede traer consigo. “El ecologista es el más reciente de los profetas de la ciencia. No sólo ofrece una explicación verosímil acerca del modo en que la naturaleza funciona, sino además algo parecido a una intuición metafísica, un conjunto de preceptos éticos, quizás hasta un programa revolucionario”.
Aunque cabe aclarar que, según Donald Worster, se debe evitar caer en certezas proféticas que alejen los estudios de historia ambiental de un proceso riguroso de explicación. “El historiador, sin embargo, no puede evitar el hábito de la duda, aún cuando se enfrente a un oráculo tan creíble y confiado en sí mismo como la ecología, e incluso cuando él mismo aspira al compromiso con ciertos valores morales”. Por lo que es siempre importante que el historiador ambiental busque investigar con una aguda visión reflexiva las realidades ecológicas, para prescindir de ciertos automatismos que llevan a conclusiones aceleradas sobre el estado de un sistema natural en deterioro.
En este sentido William Cronon menciona que "la mayoría de los historiadores ambientales estarían bastante cómodos al afirmar la importancia del mundo no humano para cualquier entendimiento del pasado humano. La mayoría argumentaría que Naturaleza es más amplio que Humanidad, que no es completamente una invención de la cultura humana, que incide en nuestras vidas en formas que no podemos controlar totalmente, que es "real", y que nuestra tarea como historiadores es entender la forma en que ella nos afecta y viceversa".
Razón por la que habría que mantener clara la premisa fundamental de la historia ambiental que menciona este historiador: "de una parte, una premisa fundamental de mi campo, es que los actos humanos ocurren dentro de una red de relaciones, procesos y sistemas que son tan ecológicos como culturales. A tales categorías históricas básicas como género, clase y raza, los historiadores ambientales añadirían un vocabulario teórico en el cual plantas, animales, suelos, climas y otras entidades no humanas, llegan a ser los coactores y codeterminantes de una historia no sólo de la gente sino de la tierra misma".
Razón por la que habría que mantener clara la premisa fundamental de la historia ambiental que menciona este historiador: "de una parte, una premisa fundamental de mi campo, es que los actos humanos ocurren dentro de una red de relaciones, procesos y sistemas que son tan ecológicos como culturales. A tales categorías históricas básicas como género, clase y raza, los historiadores ambientales añadirían un vocabulario teórico en el cual plantas, animales, suelos, climas y otras entidades no humanas, llegan a ser los coactores y codeterminantes de una historia no sólo de la gente sino de la tierra misma".
Aunque ha de aclararse que si bien en este enfoque ambiental se presta una fuerte atención a los procesos de cambio en la naturaleza, también es fundamental tener en cuenta el aspecto antrópico, pues es el hombre el que relata y construye representaciones sobre las formas de la naturaleza, pues se establecen cierto tipo de concepciones simbólicas sobre el orden del mundo a través de las condiciones ambientales de vida. William Cronon menciona allí: "la historia ambiental se plantea la tarea de incluir dentro de sí algo más del mundo no humano que la mayoría de otras historias y, a pesar de esto, los agentes humanos continúan siendo las principales anclas para sus narrativas".
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