lunes, 25 de noviembre de 2019

Teoría del conocimiento de Johannes Hessen

Resumen del libro Teoría del conocimiento de Johannes Hessen


A continuación los invito a conocer y a pensar acerca de las innumerables posturas, ideas, doctrinas, sistemas, lógicas y premisas que la filosofía ha creado a lo largo del tiempo para llegar  a la tan ansiada VERDAD. La teoría del conocimiento que aquí se presenta busca indagar sobre como se ha construido el conocimiento a través de diferentes formas del pensamiento que buscan respuestas sobre el ser individual y sobre el ser universal, sobre los sujetos y sobre los objetos, sobre las ideas y sobre la materia ...  


¡Adéntrate en esta aventura del pensamiento!





































viernes, 22 de noviembre de 2019

La pertinencia social de la historia para generar conciencia histórica en las escuelas del país


La pertinencia social de la historia para generar conciencia histórica en las escuelas del país

La conciencia histórica es de vital importancia en las sociedades del siglo XXI, pues a través de esta el ser humano contemporáneo puede comprender su presente histórico y las versiones que sobre el pasado existen. Bien es sabido que aquellos pueblos que no comprenden su historia deben adaptarse a líneas temporales de otros pueblos, lo cual es peligroso para una sociedad que pretende construirse bajo sus propios horizontes de expectativa, pues limita la interpretación del pasado nacional a líneas temporales ajenas que favorecen procesos de colonización o extranjerización.


Por esta razón, es de vital importancia que los futuros maestros de historia lleven a las aulas de clase todas aquellas reflexiones que permitan formar una conciencia crítica sobre la interpretación del pasado nacional. En vista de que la formación de memoria histórica poco ha tenido en cuenta diversos aspectos críticos sobre la interpretación del pasado, resulta necesario llamar a los maestros de historia a desmitificar los procesos históricos que se vivieron en el país, los cuales se encuentran encerrados en pasajes narrativos de héroes y villanos que limitan la interpretación de procesos de cambio y continuidad.

De ahí que el objetivo de los maestros en la enseñanza de la historia sea lograr que los estudiantes comprendan los procesos cambio y continuidad en el tiempo y su influencia en la realidad presente. Ya lo menciona Carretero y Montanero: “lo histórico se fundamenta, ante todo, en el establecimiento de un sentido de continuidad y cambio entre el pasado y el presente” (Carretero y Montanero, 2006, p: 135). Un pasado y un presente que se pueden ligar a través de herramientas didácticas que el maestro debe elegir para transmitir aquella conciencia histórica a sus estudiantes.

Una dificultad que surge en la transmisión de contenidos históricos es el presentismo y los prejuicios ideológicos que hacen que se interprete el pasado con ideas anacrónicas, lo que exige la realización de un trabajo hermenéutico con los estudiantes para que comprendan el pasado y a sus actores en su propio tiempo. “El presentismo es un sesgo egocéntrico, relacionado con una carencia de empatía histórica, que se traduce en una dificultad para comprender las acciones y emociones de los actores en su contexto histórico” (p: 136). Esto es de vital importancia para que los estudiantes no interpreten el pasado con prejuicios que pueden sesgar la forma en que critican los distintos procesos históricos.

Para esto, cabe recalcar que la ciencia histórica es de gran importancía en la desmitificación del pasado, dado que permite revelar aquellos discursos oficiales que imbuyen la capacidad crítica de los estudiantes y limitan la interpretación de un rico y diverso pasado. “La posición por tanto más defendida entre los historiadores es que no debería confundirse la historia científica con la memoria histórica. La razón que se esgrime es que la historia científica es una trituradora de memoria, la digie­re y produce conocimiento” (Prats y Santacana, 2011, p: 20).

En efecto, esto representa un reto para el educador que busca transmitir contenidos de la disciplina histórica a los estudiantes, pues difícilmente podrá realizarse de la misma manera que si se estuviera transmitiendo a científicos de la misma disciplina. Debe el maestro generar estrategias que guíen su labor y despierten el interés de los estudiantes hacia lo que se quiere transmitir. Ha de hallar las herramientas adecuadas para construir con sus estudiantes una conciencia histórica.

En este sentido, la construcción empírica y teórica del maestro para con sus estudiantes es vital, pues este debe encontrar una equilibrio entre su experiencia como historiador-pedagogo y los contenidos de la ciencia histórica. “El reto, por tanto, es conseguir organizar una enseñanza de la historia en la que se conjugue la necesidad de conocer tanto los contenidos generados desde la larga tradición científica como la de profundizar en los contenidos procedimentales propios del historiador” (Gómez, Ortuño y Molina, 2014, p: 10). Esto con el fin de generar un proyecto educativo de importancia científica y de impacto social que forme ciudadanos dispuestos a generar conciencia histórica en su contexto sociocultural.

Este equilibrio debe tener en cuenta la relevancia que tienen los contenidos para los estudiantes, pues de lo contrario todos los esfuerzos que se hagan para transmitir un complejo teórico se verán nulos. El educador tiene que tener en cuenta el contexto social en el cual se halla y ha de acceder a las realidades sociales, culturales, económicas y psicológicas de sus estudiantes para encontrar puntos de referencia en el inmenso mar de posibilidades didácticas.

Además de esto es importante que el maestro comprenda su posición epistemológica dentro de la historiografía. “La importancia o relevancia del pasado que se debe enseñar y aprender depende del enfoque o la perspectiva desde la que se muestre la disciplina histórica, la duración, el impacto social de ese proceso o acontecimiento histórico y su importancia particular en el contexto donde se enseña” (p: 15). los aspectos significativos en el aprendizaje de la historia son elementales para que el maestro ubique su propia posición histórica y la de sus estudiantes en la generación de una conciencia histórica que se manifieste en operaciones mentales, cognitivas y emocionales provechosas para la sociedad y su cultura, pues sin un interés profundo los estudiantes no lograrán interiorizar los contenidos ni se percatarán del peso que tiene el pasado sobre sus hombros.

Por ello Perafán Cardona menciona que a través del conocimiento de el contexto social y cultural en el que se encuentran  “los docentes de historia y ciencias sociales tienen la labor de preparar a los estudiantes a fin de hacerlos más conscientes de la complejidad que han adquirido los actuales fenómenos sociales, económicos, ambientales y políticos como fruto de las lógicas con las que opera la sociedad, y a su vez llevarlos a la comprensión de las diferentes acciones y diversos intereses de los actores que operan en el marco de las dinámicas de análisis” (Perafán, 2013, p: 150).

Esto es fundamental para fortalecer la conciencia histórica en los estudiantes, pues “desde esta perspectiva, los procesos de enseñanza y aprendizaje de las ciencias sociales contribuirán a mejorar la visión que de esta área tiene el estudiantado, al reconocer su funcionalidad para lograr un acercamiento estrecho del conocimiento social en conexión con el entorno en el que se desenvuelve” (p: 152). Por lo tanto, se torna evidente que una buena enseñanza de la historia transmite herramientas para el análisis de la propia realidad, en este caso, la realidad de los estudiantes.

En definitiva, el maestro debe esforzarse por adquirir un complejo teórico y un armazón didáctico que le permita moverse dentro de cualquier contingencia, a fin de garantizar que los estudiantes comprendan que la verdad histórica es dinámica, que se transforma, que debe estar en permanente construcción y que jamás será única e inamovible.. 

Bibliografía
-         Carretero M. & Montanero M. (2008). Enseñanza y aprendizaje de historia: aspectos cognitivos y culturales. Argentina: FLACSO.
-         Prats J. & Santacana J. (2011). Enseñanza y aprendizaje de la historia en la educación básica, ¿Por qué y para qué enseñar historia? (1ra edición). México: Gobierno federal.
-          GÓMEZ, Cosme Jesús; ORTUÑO, Jorge; MOLINA, Sebastián. Aprender a pensar históricamente. Retos para la historia en el siglo XXI. Revista Tempo e Argumento, Florianópolis, v. 6, n.11, p. 05–27, ene. /abr. 2014.
-         Perafán A. (2013). Reflexiones en torno a la didáctica de la historia. Cali: Universidad San Buenaventura.

Un acercamiento general a la violencia escolar para la reflexión del maestro

Un acercamiento general a la violencia escolar para la reflexión del maestro

La violencia escolar es un tema ampliamente trabajado por gran diversidad de especialistas de todas las áreas de las ciencias sociales y humanas, es por ello que la pretensión del presente artículo sea mostrar, de manera general, el tratamiento que se le ha dado a este tema desde diferentes autores para que se establezca una comprensión general que permita reflexionar más a fondo sobre esta problemática social que afecta el diario vivir de las escuelas.



Para comenzar es conveniente definir la violencia escolar como una acción dañina que se ejerce sobre el más vulnerable, esta acción puede ser de carácter físico o verbal. Es evidente que los estudiantes recurren a estas formas tóxicas de relacionarse porque no aceptan las diferencias del otro, lo cual debe tornarse preocupante para la escuela si la entendemos como el ámbito donde los ciudadanos del mañana van a interiorizar una cultura de sana convivencia.

Es, por tanto, un problema complejo el de la violencia en las escuelas, porque lleva implícito toda una serie de problemáticas sociales, culturales y políticas que son el reflejo de conflictos mal conducidos. Por ello, se hace indispensable conocer diversos puntos de vista que muestren un ángulo más amplio de este problema en las escuelas, bien lo menciona Enrique Chaux: “Un problema tan complejo como la violencia escolar requiere una mirada integral que abarque las perspectivas de los distintos actores involucrados” (Chaux, p.71).

En su investigación, Chaux hace un sondeo sobre la violencia escolar y el tratamiento que esta debería recibir desde diferentes perspectivas: la de los estudiantes, la de los profesores y la de la comunidad educativa. En el análisis a los primeros, muestra como en el bullying se presentan diferentes roles en los estudiantes: las víctimas directas, los intimidadores líderes, los asistentes del intimidador, los reforzadores, los defensores y los indiferentes.

Lo anterior demuestra que esta problemática implica a todos los integrantes del grupo escolar, no es una simple relación dicotómica entre abusado y abusador, es una práctica que se legitima grupalmente bien sea porque se fomente a través de la participación en el abuso o a través de la indiferencia. “Varios estudiantes entrevistados muestran que la violencia escolar no solamente involucra a unos pocos estudiantes agresivos, sino que implica una dinámica grupal” (p. 80). Por lo tanto, es de vital importancia conocer de manera más profunda las dinámicas grupales para comprender la violencia que se presenta en el ámbito educativo.

Consiguientemente Chaux analiza la perspectiva de los profesores, en la que se hizo evidente que generalmente estos ligan los problemas escolares a factores extrínsecos a la escuela, como la familia, el contexto, la cultura y el sistema educativo, lo cual revela cierta pérdida de credibilidad por parte de los mismos maestros hacia su labor, pues no ven una solución fructífera dentro del ámbito educativo por las inmensas responsabilidades que se le encomiendan a la escuela.

Aunque cabe mencionar que los problemas de las condiciones estructurales de una sociedad representan un gran reto para el maestro a la hora de afrontar múltiples tipos de problemas, entre estos el de la violencia escolar que se torna difícil en su tratamiento. “Si aterrizamos y nos centramos en el plano educativo, las confrontaciones que pudieran darse, no sólo serían atribuibles a elementos internos de la propia estructura educativa como el clima en las aulas, las interacciones entre el alumnado y las relaciones entre los docentes, la desvirtuación de las funciones educativas, etc., sino que los factores exógenos como argumenta Freire, juegan un papel determinante en el desarrollo del conflicto” (Camacho, p. 168).

Por ello resulta de vital importancia que los maestros se capaciten para mejorar su comprensión sobre los diversos tipos de agresión y sus dinámicas, a fin de identificar cada una de las fuerzas centrifugas que están motivando el acto de violencia, y así, tener mejores herramientas para afrontar adecuadamente este problema en el aula de clases. “Sin embargo, es poca la formación que reciben los profesores sobre cómo responder constructivamente ante este tipo de situaciones” (Chaux, p. 82).

En este sentido es sumamente significativo que los docentes tengan las suficientes herramientas teóricas, pedagógicas, didácticas y empíricas para guiar estos procesos de violencia escolar hacía un término formativo y positivo. Un maestro capaz de afrontar circunstancias de violencia definirá en gran medida el rumbo que estas situaciones tomarán. “Uno de los ejes vertebradores de la calidad del sistema educativo, lo constituye el profesorado” (Matamala & Cardona, p. 2). Por lo tanto se hace innegable que el rol de los profesores en la promoción de la convivencia es de sumo valor para superar la violencia en las escuelas.

Por lo que se refiere a la comunidad educativa en general hay que mencionar que el problema de la violencia requiere de un trabajo integral que incluya a familia, escuela, maestros, estudiantes y autoridades políticas para lograr solventarlo. Ya lo mencionan Ballester y Arnaiz: “La violencia escolar no es un problema «técnico» que admita soluciones simples, está sujeta a una construcción social, escolar y profesional. Abordar su prevención y su resolución depende del trabajo colegiado del profesorado, su formación, el apoyo social y de las autoridades políticas y educativas” (Ballester & Arnaiz, p. 56). Pues es evidente que estos por separados no pueden ejercer una transformación de raíz.

No se trata tampoco de que se establezca un modo autoritario para que los estudiantes acepten la violencia escolar como algo inadecuado, pues esto no resolvería un problema que requiere de reflexión y trascendencia en la conciencia para coexistir con las diferencias del que se considera diferente. “Por ello es importante tener en cuenta que “un control extremado en el aula ocasiona un clima de tensión y desconfianza que no favorece la interacción entre profesorado y alumnado” (Camacho, p. 170). 

El ambiente tenso en el aula de clases puede impedir que se desarrollen posibilidades a la adecuada solución de los conflictos, por ello es indispensable que los procesos de solución integren a los estudiantes de forma activa. Esto porque resulta evidente que “para que un grupo funcione bien debe estar cohesionado, sus miembros deben sentirse parte del mismo y orgullosos de pertenecer a él” (Caballero, p. 162). Por ello, los maestros más que promotores del autoritarismo sancionatorio de los actos de violencia escolar deben ser agentes difusores de valores prosociales.

En este aspecto resulta importante que el rendimiento académico de los estudiantes no se quede solo en los contenidos curriculares, sino que se tenga también como principal objetivo la formación de seres humanos que comprendan la diferencia. “No podemos reducir la calidad de la educación al logro de niveles de rendimiento académico, ya que estaríamos dejando de lado el conjunto de aprendizajes relacionados con el desarrollo personal, afectivo, social, estético y moral” (Matamala & Cardona, p. 2). Por ello el maestro ha de ser quien a través de los contenidos de su área pueda promover reflexiones que fomenten el compañerismo y la empatía entre los estudiantes.

Por esto resulta necesario que el profesorado refuercen conjuntamente aquellos valores, actitudes y saberes que hacen que los estudiantes actúen de forma positiva hacía el otro, al que es diferente, es decir, deben los maestros conocer que es lo que produce violencia, pero también deben conocer que es lo que produce buena convivencia. “Tenemos que reconocer que la violencia preocupa más a los investigadores que los hechos pacíficos, y aunque como nos señala el profesor Sánchez la violencia es llamativa y ponerla de manifiesto resulta fácil, necesitamos progresar en el conocimiento de las actuaciones que fomentan la cultura de paz, y ese conocimiento no se desprende necesariamente de los trabajos que se ocupan de acotar las dinámicas interpersonales violentas” (Camacho, p. 158).

Por otro lado, es evidente que el gran peso de culpabilidad de la violencia escolar cae sobre los hombros del sistema educativo, pues –como se mencionó anteriormente- existen factores extrínsecos al aula que dificultan la solución de los conflictos y problemas escolares, entre estos se halla el de la estructura educativa del estado que en ciertas ocasiones no proporciona las herramientas necesarias al maestro para desarrollar estrategias de solución. Es por esto que “el profesorado demanda más recursos humanos para una atención de calidad en grupos reducidos o para apoyos al alumnado con grandes desventajas socioculturales” (Caballero p.163).

Aunque cabe aclarar que el sistema educativo no es el único responsable de esto, se trata más bien de un complejo estructural que afecta cada uno de los ámbitos sociales, culturales, políticos y económicos. Bien lo mencionan Matamala y Cardona: “Cuando ante problemas de convivencia culpamos al sistema como tantas veces se oye, poco avanzamos en el camino de la solución. El Sistema educativo puede y debe ser revisado, siempre que sea necesario, pero recurrir constantemente a él para explicar la conflictividad manifiesta una falta de precisión” (p. 4). Por tanto no hay que caer en esa simple justificación para explicar un problema que tiene en sí todo un complejo socio-estructural que lo determina.

En el caso Colombiano la cuestión de la violencia escolar es un tanto “suave” si tenemos en cuenta la fuerte violencia que ha afrontado nuestro país a lo largo de su historia. “Gran sorpresa se llevará el lector; nuestros niños y niñas no son violentos en las escuelas si se les compara con sus coetáneos de países llamados desarrollados, bien podría afirmarlo metafóricamente: "en nuestro contexto convulsionado, las escuelas son oasis de paz"” (Hoyos, p. 2). Esto porque se muestra evidente que en algunos países desarrollados el problema del bullying se ha tornado ya importante por su gravedad, la cual se ha visto reflejada en asesinatos al interior de escuelas en países como Estados Unidos y Brasil.

A modo de conclusión hay que mencionar la importancia que representa para el buen desarrollo de la educación la buena formación de los maestros, estos han de adquirir herramientas que les permitan afrontar las realidades en el aula, para esto es vital que los docentes adquieran una buena armadura teórica y que las reformas educativas tengan en cuenta las demandas del profesorado en cuanto al problema de la violencia escolar. En este sentido, hay que mantener identificadas aquellas actitudes positivas que fomentan el desarrollo de actitudes empáticas en el entorno escolar para fortalecerlas, pues es común que los docentes se concentren solo en los aspectos negativos de esta problemática. En general, hay mucho por realizar para seguir avanzando y aprendiendo sobre este obstáculo para el desarrollo de los procesos educativos ciudadanos de nuestro siglo. 

Bibliografía

-  - Gómez Ocaña Concepción & Matamala Salcedo Rosa. (2002). La convivencia escolar como factor de calidad. Revista electrónica interuniversitaria de formación del profesorado.
-        -  María José Caballero Grande. (2009). Convivencia escolar. Un estudio sobre buenas prácticas. Revista paz y conflictos, p. 154-169.
-         - Giraldo Hoyos Aldemar. (2002). Violencia colombiana versus violencia escolar. Revista electrónica interuniversitaria de formación del profesorado, Vol.5.
-         -  José Manuel Camacho. (2009). Violencia escolar: una alternativa desde un enfoque socioeducativo. En Violencia escolar (p. 165-185). Sevilla: Escuela abierta.

Historia ambiental del valle geográfico del rio Cauca


Historia ambiental del valle geográfico del rio Cauca

En lo que respecta al valle del rio cauca, es evidente que los entes bióticos han disminuido notablemente en su población; el uso intensivo del suelo, la deforestación y la contaminación de los ríos, han ocasionado un importante impacto en el horizonte paisajístico de esta región. La historiadora de la universidad del Valle Aceneth Perafán menciona que:
El panorama ecológico y paisajístico del Valle del Cauca, primordialmente en su zona plana, ha experimentado una profunda transformación a partir del desarrollo de diversos procesos, entre los cuales vale la pena destacar el impacto producido por las actividades agroindustriales. Estas han dado lugar a un grave deterioro causado por un uso intensivo e inadecuado de los recursos naturales, que ha puesto en serio peligro a una gran variedad de ecosistemas en especial los bosques secos, que han sido eliminados casi por completo.
Los intereses económicos que la modernización ha traído a esta región se han materializado en el aumento de la producción industrial azucarera que se expandió sobre la frontera natural, por lo que el aprovechamiento de la tierra y de los recursos naturales ha puesto en riesgo el sistema vital de innumerables seres vivos, además de los problemas sociales que se pueden gestar por el difícil acceso a los recursos fundamentales. “La explotación de recursos tales como agua y suelo en el departamento deja ver claramente una fuerte presión que ha suscitado cambios irreversibles en el paisaje así como la extinción de muchas especies de flora, fauna, y el riesgo de desaparición de otras”



Importantes biólogos como Alvarado Solano y Otero Ospina también muestran cierta preocupación por el fuerte deterioro de la zona plana del Valle del Cauca, zona que ha sido fuertemente explotada por la agroindustria cañera, la cual se ha expandido en detrimento de los últimos relictos de bosque seco tropical característicos de la región. “La situación es más preocupante cuando en la literatura científica se menciona que en el departamento del Valle del Cauca quedan menos de diez relictos de bosque seco tropical de importancia, luego de la reducción de su cobertura desde 1986”



Actualmente los habitantes del Valle del Cauca puede que conciban de una manera escaza lo que fué para la diversidad de la vida esta tierra en el pasado, pues fue fuente de inmensas riquezas naturales y fue hogar de innumerables e inimaginables especies mamíferas, aves, peces y plantas del característico bosque seco tropical que se gesta en ecosistemas únicos como el del Valle del rio Cauca que se encuentra aproximadamente entre los 900 y los 1000 metros de altura sobre el nivel del mar. Reinaldo Giraldo menciona algo al respecto:
La mayoría de los habitantes del paisaje vallecaucano se han olvidado de que este contaba por doquier con riachuelos de cristalinas y rumorosas aguas, densos guaduales, espesas selvas y lagunas donde moraban el tigre, la serpiente, el coclí, el oso, la ardilla, el mono, la lancha, el venado, la guagua, el guatín, la guacharaca, el titiribí, la orquídea, innumerables especies de bejucos, frondosos cachimbos, burilicos, sietecueros y carboneros y una sinfonía infinita de fauna y flora, casi indescriptible que palpita y tiembla bajo el delirante sol del equinoccio.
Es por esto evidente que solo hasta comienzos del siglo XX, cuando se comenzó a implementar la agroindustria moderna en grandes extensiones de territorio con el monocultivo de la caña, se transformó radicalmente en un lugar más seco, sin la humedad necesaria para que la tierra se mantenga fértil y perdurable. Reinaldo Dias menciona que “esta fisonomía del paisaje del país vallecaucano permanece casi inalterada hasta finales del siglo XIX y principios del XX; lo que indica que las comunidades que habitaron el valle del rio Cauca hasta esta época permitieron la conservación del paisaje; lo que no significa que el hombre no haya intervenido en la naturaleza y la haya alterado”.

En otro de sus artículos Reinaldo Días propone que se debe gestar una apuesta agroecológica frente a la mal llamada modernidad, pues en el futuro nos veremos enfrentados al inminente cambio climático del planeta, para lo cual es de vital importancia que se preserven las aguas, los diversos tipos de plantas y las especies naturales que mantienen el equilibrio ecosistémico. “La degradación progresiva del paisaje del Valle del Cauca, desde el siglo XIX, que ha sido impulsada por la mal llamada modernización agraria y la adopción de modelos de desarrollo basados en el crecimiento económico, puede revertirse mediante una apuesta consecuentemente agroecológica”.

En definitiva, los procesos que se dieron durante el siglo XX en el paisaje del Valle del rio Cauca han ocasionado múltiples cambios en las formas de explotación tradicionales por métodos de alta producción, que son el resultado de una representación utilitarista de los suelos, donde no existe conciencia sobre lo que podría llegar a ser un futuro devastador para la sociedad de nuestra región. Muchos estudios se han generado a raíz de esta importante problemática socio-ambiental, en nuestros tiempos hemos de  reflexionar por alternativas que han de surgir para buscar soluciones parciales o definitivas a una casi que inminente catástrofe ambiental por la erosión de la tierra y la disminución del caudal de los ríos.

Bibliografía

- Castro Herrera Guillermo. (2002). Naturaleza sociedad e historia en América Latina. Buenos Aires: CLACSO, Consejo latinoamericano de Ciencias Sociales.
- Cronon William. (1992). Reflexiones desde la historia ambiental; un lugar para relatos, historia y narrativa. Colombia: Universidad Nacional.
- Flores Alberto Malagón. (2002). La historia ambiental frente a la ciencias sociales. Colombia: Universidad Nacional.
- Gallini Stefania. (2004). Problemas y métodos en la historia ambiental de América latina. Bogotá: Universidad Central.
-  Gallini Stefania. (2005). Invitación a la historia ambiental. Bogotá: Revista Tareas Nro. 120: Historia ambiental Latinoamericana. CELA, Centro de Estudios Latinoamericanos “Justo Arosemena”.
- Giraldo Díaz Reinaldo. (2014). Reconfiguración del paisaje y agroecología en el Valle del Cauca 1850-2010. Manizales: Revista luna azul, Universidad de Caldas.
- Hernández Sandoica Elena. (2004). Tendencias historiográficas actuales: escribir historia hoy. Madrid: Ediciones Akal S.A.
- Mc Neill John. (2003). Naturaleza y cultura de la historia ambiental. Bogotá: Nómadas, Universidad Central.
- Rodríguez Gonzales Sayra Catherín. (2012). La historia y los conflictos ambientales: la relación ser humano y naturaleza. Bogotá: Revista virtual de investigación en historia, arte y humanidades, Vol. 3 – Nro. 6.
- Rubio Durán Francisco. (2011). Viejos y nuevos problemas: una propuesta latinoamericana de superación conceptual para los estudios de ambiente y sociedad. Sevilla: Revista de estudios latinoamericanos Universidad Pablo de Olavide, Nro. 1.
- Uribe Castro Hernando. (2014). De ecosistema a socioecosistema diseñado como territorio del capital agroindustrial y del estado nación moderno en el valle geográfico del río Cauca, Colombia. Cali: Revista colombiana de sociología.
- Vitale Luis. (1983). Hacia una historia del ambiente en América latina. México: Editorial nueva imagen S.A.
- Worster Donald. (1990). Transformaciones de la tierra. Montevideo: CLAES, Coscoroba ediciones.




Cuestiones implicadas en los estudios etnohistóricos de las sociedades negras o afrocolombianas



Cuestiones implicadas en los estudios etnohistóricos de las sociedades negras o afrocolombianas:





La contemplación de la vida humana en el tiempo requiere de un verdadero esfuerzo histórico, pues los procesos de las distintas realidades culturales son diversos, multidireccionales y particulares, lo cual exige que la interpretación histórica no caiga en el marco de lo emocional y lo pasional, dado que existe el riesgo de interpretar los procesos culturales con un cegado esencialismo, proporcionando características sensuales y categorías limitadas al análisis de las culturas en el tiempo.

Para comprender las dinámicas culturales de las sociedades afrocolombianas hay que tener en cuenta el aspecto histórico en el desarrollo del poblamiento de las diferentes regiones donde habitan actualmente. Esto con la intención de develar los aspectos particulares que conforman la estructura sociocultural de cada comunidad, dado que generalmente ha existido la tendencia de establecer juicios generales que homogenizan y limitan el análisis etnográfico del investigador.

Por esta razón, es de vital importancia entender los diferentes aspectos que influyeron en el desarrollo de los procesos históricos de las comunidades afro, como las condiciones económicas que condujeron a la utilización de mano de obra esclava por parte de encomenderos españoles, que solicitaron a la corona el envió de negros africanos para explotar regiones donde los recursos minerales fueron muy ricos y donde las haciendas solicitaban mano de obra para la elaboración de los diferentes productos de la época.

De este modo, en el caso colombiano,  es posible ver que los procesos de producción material revelan las dinámicas económicas que dieron pie a todo un proceso de hibridación cultural durante el poblamiento de las comunidades afro a lo largo de la región pacífica y caribe. Una hibridación que se gestó a raíz de la imposición de un régimen esclavista y de la interacción económico-cultural entre las diferentes culturas y comunidades existentes en dicha región.




Cabe señalar que las comunidades afro en su condición de esclavitud fueron agentes activos dentro de la conformación de la sociedad colonial, distinto a lo que generalmente se piensa sobre el papel que representaron en su desarrollo histórico, si bien fueron obligados a adquirir nuevas formas de vida, no fueron simples entes en el ordenamiento de la sociedad, existen factores intrínsecos, propios de la cultura que mantuvieron vigentes los patrones de conducta de las comunidades negras de Colombia.

Los factores externos que conducen la organización social afro son los que impone la cultura dominante a través de la fuerza, de la ley y la evangelización. A través de la fuerza se castigaba la desobediencia, con la ley se ejercía el legítimo derecho a esclavizar y con la evangelización se implementaban cánones morales para moldear las conductas.

Como partícipe de la conformación social se denota el papel de la mujer afro como generadora de cohesión social a través de los vínculos de parentesco, es este agente muy importante para el desarrollo de los procesos de la sociedad afro en Colombia, pues es el puente y la base de la familia afro. Es por esta razón, que las sociedades afro de la región pacifica colombiana se constituyeron como un matriarcado cultural dentro de un orden monárquico que se regía bajo un patriarcado legal.

El capitán de cuadrilla también fue un agente importante, pues refleja la heterogeneidad de la sociedad colonial y la ambigüedad del papel que jugaba dentro de las distintas culturas como mediador entre los españoles y los negros, bien sea para llevar a cabo una orden del esclavizador o para solicitar beneficios para los esclavos.

De ahí que esta sociedad sea un conjunto social y cultural con una organización y un desarrollo histórico propio que se ha gestado en medio de la interacción de diversas culturas, como la indígena, la hispana y la mestiza donde ha jugado un papel preponderante en la conformación de la sociedad Colombiana de nuestros tiempos.

Los sistemas simbólicos religiosos reflejan el sincretismo cultural que conforma la afrocolombianidad, en este caso se puede notar como el catolicismo hispano, el sistema chamánico y el de sus orígenes africanos se ven manifestados en los rituales religiosos y mágicos que llevan en fechas especiales de adoración al dios monoteísta y a las fuerzas naturales animistas.

Además de esto, los intercambios económicos de las diferentes culturas muestran que se gestó una fuerte relación de reciprocidad entre indígenas y afros, también la lógica mercantil nacional es un elemento de suma importancia en estos procesos, pues generan en los sujetos culturales representaciones distintas a las tradicionales. Aunque es preciso aclarar que existen espacios donde se genera el cambio económico y cultural y espacios donde se reafirman los patrones de cultura tradicional.




En síntesis, es de vital importancia para el etnohistoriador tener claro los diferentes matices históricos que se presentan en el estudio de las sociedades afrocolombianas en el tiempo, a fin de no caer en simplismos esencialistas que lo explican todo de una forma pasional que conlleva a una simple caricaturización de la realidad cambiante y dinámica. Son los elementos interculturales los que el etnohistoriador debe manejar para identificar en cada una de las diferentes expresiones las relaciones históricas que las generaron.