lunes, 25 de noviembre de 2019
viernes, 22 de noviembre de 2019
La pertinencia social de la historia para generar conciencia histórica en las escuelas del país
La pertinencia social
de la historia para generar conciencia histórica en las escuelas del país
La
conciencia histórica es de vital importancia en las sociedades del siglo XXI,
pues a través de esta el ser humano contemporáneo puede comprender su presente
histórico y las versiones que sobre el pasado existen. Bien es sabido que
aquellos pueblos que no comprenden su historia deben adaptarse a líneas
temporales de otros pueblos, lo cual es peligroso para una sociedad que
pretende construirse bajo sus propios horizontes de expectativa, pues limita la interpretación del pasado nacional a líneas temporales ajenas que
favorecen procesos de colonización o extranjerización.
Por
esta razón, es de vital importancia que los futuros maestros de historia lleven
a las aulas de clase todas aquellas reflexiones que permitan formar una
conciencia crítica sobre la interpretación del pasado nacional. En vista de que
la formación de memoria histórica poco ha tenido en cuenta diversos aspectos críticos sobre la
interpretación del pasado, resulta necesario llamar a los maestros de historia a
desmitificar los procesos históricos que se vivieron en el país, los cuales se
encuentran encerrados en pasajes narrativos de héroes y villanos que limitan la
interpretación de procesos de cambio y continuidad.
De
ahí que el objetivo de los maestros en la enseñanza de la historia sea lograr que los estudiantes
comprendan los procesos cambio y continuidad en el tiempo y su influencia en
la realidad presente. Ya lo menciona Carretero y Montanero: “lo histórico se fundamenta,
ante todo, en el establecimiento de un sentido de continuidad y cambio entre el
pasado y el presente” (Carretero y Montanero, 2006, p: 135). Un pasado y un
presente que se pueden ligar a través de herramientas didácticas que el maestro
debe elegir para transmitir aquella conciencia histórica a sus estudiantes.
Una
dificultad que surge en la transmisión de contenidos históricos es el
presentismo y los prejuicios ideológicos que hacen que se interprete el pasado
con ideas anacrónicas, lo que exige la realización de un trabajo hermenéutico con los estudiantes
para que comprendan el pasado y a sus actores en su propio tiempo. “El
presentismo es un sesgo egocéntrico, relacionado con una carencia de empatía
histórica, que se traduce en una dificultad para comprender las acciones y
emociones de los actores en su contexto histórico” (p: 136). Esto es de vital
importancia para que los estudiantes no interpreten el pasado con prejuicios que pueden sesgar la forma en que critican los distintos procesos históricos.
Para esto, cabe recalcar que la ciencia histórica es de gran importancía en la desmitificación del pasado, dado que permite revelar aquellos discursos oficiales que imbuyen la capacidad crítica de los estudiantes y limitan la interpretación de un rico y
diverso pasado. “La posición por tanto más defendida entre los historiadores
es que no debería confundirse la historia científica con la memoria histórica.
La razón que se esgrime es que la historia científica es una trituradora de
memoria, la digiere y produce conocimiento” (Prats y Santacana, 2011, p: 20).
En
efecto, esto representa un reto para el educador que busca transmitir
contenidos de la disciplina histórica a los estudiantes, pues difícilmente podrá realizarse de
la misma manera que si se estuviera transmitiendo a científicos de la misma
disciplina. Debe el maestro generar estrategias que guíen su labor y despierten
el interés de los estudiantes hacia lo que se quiere transmitir. Ha de hallar
las herramientas adecuadas para construir con sus estudiantes una conciencia
histórica.
En
este sentido, la construcción empírica y teórica del maestro
para con sus estudiantes es vital, pues este debe encontrar una equilibrio entre su
experiencia como historiador-pedagogo y los contenidos de la ciencia histórica.
“El reto, por tanto, es conseguir organizar una enseñanza de la historia en la
que se conjugue la necesidad de conocer tanto los contenidos generados desde la
larga tradición científica como la de profundizar en los contenidos
procedimentales propios del historiador” (Gómez, Ortuño y Molina, 2014, p: 10).
Esto con el fin de generar un proyecto educativo de importancia científica y de
impacto social que forme ciudadanos dispuestos a generar conciencia
histórica en su contexto sociocultural.
Este
equilibrio debe tener en cuenta la relevancia que tienen los contenidos para
los estudiantes, pues de lo contrario todos los esfuerzos que se hagan para
transmitir un complejo teórico se verán nulos. El educador tiene que tener en
cuenta el contexto social en el cual se halla y ha de acceder a las realidades
sociales, culturales, económicas y psicológicas de sus estudiantes para
encontrar puntos de referencia en el inmenso mar de posibilidades didácticas.
Además
de esto es importante que el maestro comprenda su posición epistemológica
dentro de la historiografía. “La importancia o relevancia del pasado que se
debe enseñar y aprender depende del enfoque o la perspectiva desde la que se
muestre la disciplina histórica, la duración, el impacto social de ese proceso
o acontecimiento histórico y su importancia particular en el contexto donde se
enseña” (p: 15). los aspectos significativos en el aprendizaje de la historia son elementales para que el maestro ubique su propia posición histórica y la de sus estudiantes en la generación de una
conciencia histórica que se manifieste en operaciones mentales, cognitivas y
emocionales provechosas para la sociedad y su cultura, pues sin un interés profundo los estudiantes no lograrán
interiorizar los contenidos ni se percatarán del peso que tiene el pasado sobre
sus hombros.
Por
ello Perafán Cardona menciona que a través del conocimiento de el contexto
social y cultural en el que se encuentran
“los docentes de historia y ciencias sociales tienen la labor de
preparar a los estudiantes a fin de hacerlos más conscientes de la complejidad
que han adquirido los actuales fenómenos sociales, económicos, ambientales y
políticos como fruto de las lógicas con las que opera la sociedad, y a su vez
llevarlos a la comprensión de las diferentes acciones y diversos intereses de
los actores que operan en el marco de las dinámicas de análisis” (Perafán,
2013, p: 150).
Esto
es fundamental para fortalecer la conciencia histórica en los estudiantes, pues
“desde esta perspectiva, los procesos de enseñanza y aprendizaje de las
ciencias sociales contribuirán a mejorar la visión que de esta área tiene el
estudiantado, al reconocer su funcionalidad para lograr un acercamiento
estrecho del conocimiento social en conexión con el entorno en el que se
desenvuelve” (p: 152). Por lo tanto, se torna evidente que una buena enseñanza
de la historia transmite herramientas para el análisis de la propia realidad,
en este caso, la realidad de los estudiantes.
En
definitiva, el maestro debe esforzarse por adquirir un complejo teórico y un
armazón didáctico que le permita moverse dentro de cualquier contingencia, a
fin de garantizar que los estudiantes comprendan que la verdad histórica es
dinámica, que se transforma, que debe estar
en permanente construcción y que jamás será única e inamovible..
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Perafán A. (2013).
Reflexiones en torno a la didáctica de la historia. Cali: Universidad San
Buenaventura.
Un acercamiento general a la violencia escolar para la reflexión del maestro
Un acercamiento general a la violencia escolar para
la reflexión del maestro
La violencia escolar es un tema ampliamente
trabajado por gran diversidad de especialistas de todas las áreas de las
ciencias sociales y humanas, es por ello que la pretensión del presente artículo sea mostrar, de manera general, el tratamiento que se le ha dado a este tema
desde diferentes autores para que se establezca una comprensión general que
permita reflexionar más a fondo sobre esta problemática social que afecta el
diario vivir de las escuelas.
Para comenzar es conveniente definir la violencia
escolar como una acción dañina que se ejerce sobre el más vulnerable, esta
acción puede ser de carácter físico o verbal. Es evidente que los estudiantes recurren
a estas formas tóxicas de relacionarse porque no aceptan las diferencias del
otro, lo cual debe tornarse preocupante para la escuela si la entendemos como
el ámbito donde los ciudadanos del mañana van a interiorizar una cultura de
sana convivencia.
Es, por tanto, un problema complejo el
de la violencia en las escuelas, porque lleva implícito toda una serie de
problemáticas sociales, culturales y políticas que son el reflejo de conflictos
mal conducidos. Por ello, se hace indispensable conocer diversos puntos de
vista que muestren un ángulo más amplio de este problema en las escuelas, bien
lo menciona Enrique Chaux: “Un
problema tan complejo como la violencia escolar requiere una mirada integral
que abarque las perspectivas de los distintos actores involucrados” (Chaux,
p.71).
En
su investigación, Chaux hace un sondeo sobre la violencia escolar y el
tratamiento que esta debería recibir desde diferentes perspectivas: la de los
estudiantes, la de los profesores y la de la comunidad educativa. En el
análisis a los primeros, muestra como en el bullying se presentan diferentes
roles en los estudiantes: las víctimas directas, los intimidadores líderes, los
asistentes del intimidador, los reforzadores, los defensores y los
indiferentes.
Lo
anterior demuestra que esta problemática implica a todos los integrantes del
grupo escolar, no es una simple relación dicotómica entre abusado y abusador,
es una práctica que se legitima grupalmente bien sea porque se fomente a través
de la participación en el abuso o a través de la indiferencia. “Varios estudiantes entrevistados muestran que la violencia escolar no solamente involucra
a unos pocos estudiantes agresivos, sino que implica una dinámica grupal” (p.
80). Por lo tanto, es de vital importancia conocer de manera más profunda las
dinámicas grupales para comprender la violencia que se presenta en el ámbito
educativo.
Consiguientemente Chaux analiza la perspectiva
de los profesores, en la que se hizo evidente que generalmente estos ligan los problemas escolares a factores
extrínsecos a la escuela, como la familia, el contexto, la cultura y el sistema
educativo, lo cual revela cierta pérdida de credibilidad por parte de los
mismos maestros hacia su labor, pues no ven una solución fructífera dentro del
ámbito educativo por las inmensas responsabilidades que se le encomiendan a la
escuela.
Aunque cabe mencionar que los problemas
de las condiciones estructurales de una sociedad representan un gran reto para
el maestro a la hora de afrontar múltiples tipos de problemas, entre estos el
de la violencia escolar que se torna difícil en su tratamiento. “Si aterrizamos
y nos centramos en el plano educativo, las confrontaciones que pudieran darse,
no sólo serían atribuibles a elementos internos de la propia estructura
educativa como el clima en las aulas, las interacciones entre el alumnado y las
relaciones entre los docentes, la desvirtuación de las funciones educativas,
etc., sino que los factores exógenos como argumenta Freire, juegan un papel
determinante en el desarrollo del conflicto” (Camacho, p. 168).
Por ello resulta de vital importancia
que los maestros se capaciten para mejorar su comprensión sobre los diversos
tipos de agresión y sus dinámicas, a fin de identificar cada una de las fuerzas
centrifugas que están motivando el acto de violencia, y así, tener mejores
herramientas para afrontar adecuadamente este problema en el aula de clases.
“Sin embargo, es poca la formación que reciben los profesores sobre cómo
responder constructivamente ante este tipo de situaciones” (Chaux, p. 82).
En este sentido es sumamente significativo que los docentes tengan las suficientes herramientas teóricas, pedagógicas, didácticas y empíricas para guiar estos procesos de violencia escolar hacía un término formativo y positivo. Un maestro capaz de afrontar circunstancias de
violencia definirá en gran medida el rumbo que estas situaciones tomarán. “Uno
de los ejes vertebradores de la calidad del sistema educativo, lo constituye el
profesorado” (Matamala &
Cardona, p. 2). Por lo tanto se hace innegable que el rol de los profesores en
la promoción de la convivencia es de sumo valor para superar la violencia en
las escuelas.
Por lo que se refiere a la comunidad
educativa en general hay que mencionar que el problema de la violencia requiere
de un trabajo integral que incluya a familia, escuela, maestros, estudiantes y
autoridades políticas para lograr solventarlo. Ya lo mencionan Ballester y
Arnaiz: “La violencia escolar no es un problema «técnico» que admita soluciones
simples, está sujeta a una construcción social, escolar y profesional. Abordar
su prevención y su resolución depende del trabajo colegiado del profesorado, su
formación, el apoyo social y de las autoridades políticas y educativas”
(Ballester & Arnaiz, p. 56). Pues es evidente que estos por separados no
pueden ejercer una transformación de raíz.
No se trata tampoco de que se establezca
un modo autoritario para que los estudiantes acepten la violencia escolar como
algo inadecuado, pues esto no resolvería un problema que requiere de reflexión
y trascendencia en la conciencia para coexistir con las diferencias del que se
considera diferente. “Por ello es importante tener en cuenta que “un control
extremado en el aula ocasiona un clima de tensión y desconfianza que no
favorece la interacción entre profesorado y alumnado” (Camacho, p. 170).
El ambiente tenso en el aula de clases
puede impedir que se desarrollen posibilidades a la adecuada solución de los
conflictos, por ello es indispensable que los procesos de solución integren a
los estudiantes de forma activa. Esto porque resulta evidente que “para que un
grupo funcione bien debe estar cohesionado, sus miembros deben sentirse parte
del mismo y orgullosos de pertenecer a él” (Caballero, p. 162). Por ello, los
maestros más que promotores del autoritarismo sancionatorio de los actos de
violencia escolar deben ser agentes difusores de valores prosociales.
En este aspecto resulta importante que
el rendimiento académico de los estudiantes no se quede solo en los contenidos
curriculares, sino que se tenga también como principal objetivo la formación de
seres humanos que comprendan la diferencia. “No podemos reducir la calidad de
la educación al logro de niveles de rendimiento académico, ya que estaríamos
dejando de lado el conjunto de aprendizajes relacionados con el desarrollo
personal, afectivo, social, estético y moral” (Matamala & Cardona, p. 2).
Por ello el maestro ha de ser quien a través de los contenidos de su área pueda
promover reflexiones que fomenten el compañerismo y la empatía entre los estudiantes.
Por esto resulta necesario que el
profesorado refuercen conjuntamente aquellos valores, actitudes y saberes que hacen que los estudiantes
actúen de forma positiva hacía el otro, al que es diferente, es decir, deben
los maestros conocer que es lo que produce violencia, pero también deben
conocer que es lo que produce buena convivencia. “Tenemos que reconocer que la
violencia preocupa más a los investigadores que los hechos pacíficos, y aunque
como nos señala el profesor Sánchez la violencia es llamativa y ponerla de
manifiesto resulta fácil, necesitamos progresar en el conocimiento de las
actuaciones que fomentan la cultura de paz, y ese conocimiento no se desprende
necesariamente de los trabajos que se ocupan de acotar las dinámicas
interpersonales violentas” (Camacho, p. 158).
Por otro lado, es evidente que el gran
peso de culpabilidad de la violencia escolar cae sobre los hombros del sistema
educativo, pues –como se mencionó anteriormente- existen factores extrínsecos
al aula que dificultan la solución de los conflictos y problemas escolares,
entre estos se halla el de la estructura educativa del estado que en ciertas
ocasiones no proporciona las herramientas necesarias al maestro para
desarrollar estrategias de solución. Es por esto que “el profesorado demanda
más recursos humanos para una atención de calidad en grupos reducidos o para
apoyos al alumnado con grandes desventajas socioculturales” (Caballero p.163).
Aunque cabe aclarar que el sistema
educativo no es el único responsable de esto, se trata más bien de un complejo
estructural que afecta cada uno de los ámbitos sociales, culturales, políticos
y económicos. Bien lo mencionan Matamala y Cardona: “Cuando ante problemas de
convivencia culpamos al sistema como tantas veces se oye, poco avanzamos en el
camino de la solución. El Sistema educativo puede y debe ser revisado, siempre
que sea necesario, pero recurrir constantemente a él para explicar la conflictividad
manifiesta una falta de precisión” (p. 4). Por tanto no hay que caer en esa
simple justificación para explicar un problema que tiene en sí todo un complejo
socio-estructural que lo determina.
En el caso Colombiano la cuestión de la
violencia escolar es un tanto “suave” si tenemos en cuenta la fuerte violencia
que ha afrontado nuestro país a lo largo de su historia. “Gran sorpresa se
llevará el lector; nuestros niños y niñas no son violentos en las escuelas si
se les compara con sus coetáneos de países llamados desarrollados, bien podría
afirmarlo metafóricamente: "en nuestro contexto convulsionado, las
escuelas son oasis de paz"” (Hoyos, p. 2). Esto porque se muestra evidente
que en algunos países desarrollados el problema del bullying se ha tornado ya
importante por su gravedad, la cual se ha visto reflejada en asesinatos al
interior de escuelas en países como Estados Unidos y Brasil.
A modo de conclusión hay que mencionar
la importancia que representa para el buen desarrollo de la educación la buena
formación de los maestros, estos han de adquirir herramientas que les permitan
afrontar las realidades en el aula, para esto es vital que los docentes adquieran una buena armadura teórica y que las reformas educativas tengan en cuenta las demandas del profesorado en cuanto al
problema de la violencia escolar. En este sentido, hay que mantener identificadas aquellas actitudes positivas que fomentan el desarrollo de actitudes empáticas en el entorno escolar para fortalecerlas, pues es común que los docentes se concentren solo en los aspectos negativos de esta problemática. En general, hay mucho por realizar para seguir avanzando y aprendiendo sobre este obstáculo para el desarrollo de los procesos educativos ciudadanos de nuestro siglo.
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Historia ambiental del valle geográfico del rio Cauca
Historia ambiental del valle geográfico del rio Cauca
En lo que
respecta al valle del rio cauca, es evidente que los entes bióticos han
disminuido notablemente en su población; el uso intensivo del suelo, la
deforestación y la contaminación de los ríos, han ocasionado un importante
impacto en el horizonte paisajístico de esta región. La historiadora de la universidad del Valle Aceneth Perafán menciona que:
El panorama ecológico y paisajístico del Valle del Cauca, primordialmente en su zona plana, ha experimentado una profunda transformación a partir del desarrollo de diversos procesos, entre los cuales vale la pena destacar el impacto producido por las actividades agroindustriales. Estas han dado lugar a un grave deterioro causado por un uso intensivo e inadecuado de los recursos naturales, que ha puesto en serio peligro a una gran variedad de ecosistemas en especial los bosques secos, que han sido eliminados casi por completo.
Los intereses
económicos que la modernización ha traído a esta región se han materializado en
el aumento de la producción industrial azucarera que se expandió sobre la
frontera natural, por lo que el aprovechamiento de la tierra y de los recursos
naturales ha puesto en riesgo el sistema vital de innumerables seres vivos,
además de los problemas sociales que se pueden gestar por el difícil acceso a
los recursos fundamentales. “La explotación de recursos tales como agua y suelo
en el departamento deja ver claramente una fuerte presión que ha suscitado
cambios irreversibles en el paisaje así como la extinción de muchas especies de
flora, fauna, y el riesgo de desaparición de otras”
Importantes biólogos como Alvarado Solano y Otero Ospina también muestran cierta preocupación por el fuerte deterioro de la zona plana
del Valle del Cauca, zona que ha sido fuertemente explotada por la
agroindustria cañera, la cual se ha expandido en detrimento de los últimos
relictos de bosque seco tropical característicos de la región. “La situación es
más preocupante cuando en la literatura científica se menciona que en el
departamento del Valle del Cauca quedan menos de diez relictos de bosque seco
tropical de importancia, luego de la reducción de su cobertura desde 1986”
Actualmente los
habitantes del Valle del Cauca puede que conciban de una manera escaza lo que fué
para la diversidad de la vida esta tierra en el pasado, pues fue fuente de
inmensas riquezas naturales y fue hogar de innumerables e inimaginables
especies mamíferas, aves, peces y plantas del característico bosque seco
tropical que se gesta en ecosistemas únicos como el del Valle del rio Cauca que
se encuentra aproximadamente entre los 900 y los 1000 metros de altura sobre el
nivel del mar. Reinaldo Giraldo menciona algo al respecto:
La mayoría de los habitantes del paisaje vallecaucano se han olvidado de que este contaba por doquier con riachuelos de cristalinas y rumorosas aguas, densos guaduales, espesas selvas y lagunas donde moraban el tigre, la serpiente, el coclí, el oso, la ardilla, el mono, la lancha, el venado, la guagua, el guatín, la guacharaca, el titiribí, la orquídea, innumerables especies de bejucos, frondosos cachimbos, burilicos, sietecueros y carboneros y una sinfonía infinita de fauna y flora, casi indescriptible que palpita y tiembla bajo el delirante sol del equinoccio.
Es por esto evidente que solo hasta comienzos del siglo XX, cuando se
comenzó a implementar la agroindustria moderna en grandes extensiones de
territorio con el monocultivo de la caña, se transformó radicalmente en un
lugar más seco, sin la humedad necesaria para que la tierra se mantenga fértil
y perdurable. Reinaldo Dias menciona que “esta fisonomía del paisaje del país vallecaucano permanece casi
inalterada hasta finales del siglo XIX y principios del XX; lo que indica que
las comunidades que habitaron el valle del rio Cauca hasta esta época permitieron
la conservación del paisaje; lo que no significa que el hombre no haya
intervenido en la naturaleza y la haya alterado”.
En otro de sus artículos Reinaldo Días propone que se debe gestar una
apuesta agroecológica frente a la mal llamada modernidad, pues en el futuro nos
veremos enfrentados al inminente cambio climático del planeta, para lo cual es
de vital importancia que se preserven las aguas, los diversos tipos de plantas
y las especies naturales que mantienen el equilibrio ecosistémico. “La
degradación progresiva del paisaje del Valle del Cauca, desde el siglo XIX, que
ha sido impulsada por la mal llamada modernización agraria y la adopción de
modelos de desarrollo basados en el crecimiento económico, puede revertirse
mediante una apuesta consecuentemente agroecológica”.
En definitiva, los procesos que se dieron durante el siglo XX en el
paisaje del Valle del rio Cauca han ocasionado múltiples cambios en las formas
de explotación tradicionales por métodos de alta producción, que son el
resultado de una representación utilitarista de los suelos, donde no existe
conciencia sobre lo que podría llegar a ser un futuro devastador para la
sociedad de nuestra región. Muchos estudios se han generado a raíz de esta
importante problemática socio-ambiental, en nuestros tiempos hemos de reflexionar por alternativas que han de
surgir para buscar soluciones parciales o definitivas a una casi que inminente
catástrofe ambiental por la erosión de la tierra y la disminución del caudal de
los ríos.
Bibliografía
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Cuestiones implicadas en los estudios etnohistóricos de las sociedades negras o afrocolombianas
La contemplación
de la vida humana en el tiempo requiere de un verdadero esfuerzo histórico,
pues los procesos de las distintas realidades culturales son diversos,
multidireccionales y particulares, lo cual exige que la interpretación
histórica no caiga en el marco de lo emocional y lo pasional, dado que existe
el riesgo de interpretar los procesos culturales con un cegado esencialismo,
proporcionando características sensuales y categorías limitadas al análisis de
las culturas en el tiempo.
Para comprender
las dinámicas culturales de las sociedades afrocolombianas hay que tener en
cuenta el aspecto histórico en el desarrollo del poblamiento de las diferentes
regiones donde habitan actualmente. Esto con la intención de develar los
aspectos particulares que conforman la estructura sociocultural de cada
comunidad, dado que generalmente ha existido la tendencia de establecer juicios
generales que homogenizan y limitan el análisis etnográfico del investigador.
Por esta razón,
es de vital importancia entender los diferentes aspectos que influyeron en el
desarrollo de los procesos históricos de las comunidades afro, como las condiciones
económicas que condujeron a la utilización de mano de obra esclava por parte de
encomenderos españoles, que solicitaron a la corona el envió de negros
africanos para explotar regiones donde los recursos minerales fueron muy ricos
y donde las haciendas solicitaban mano de obra para la elaboración de los
diferentes productos de la época.
De este modo, en
el caso colombiano, es posible ver que
los procesos de producción material revelan las dinámicas económicas que dieron
pie a todo un proceso de hibridación cultural durante el poblamiento de las
comunidades afro a lo largo de la región pacífica y caribe. Una hibridación que se gestó
a raíz de la imposición de un régimen esclavista y de la interacción
económico-cultural entre las diferentes culturas y comunidades existentes en
dicha región.
Cabe señalar que
las comunidades afro en su condición de esclavitud fueron agentes activos
dentro de la conformación de la sociedad colonial, distinto a lo que
generalmente se piensa sobre el papel que representaron en su desarrollo
histórico, si bien fueron obligados a adquirir nuevas formas de vida, no fueron
simples entes en el ordenamiento de la sociedad, existen factores intrínsecos, propios de la cultura que mantuvieron vigentes los patrones de conducta de las
comunidades negras de Colombia.
Los factores
externos que conducen la organización social afro son los que impone la cultura
dominante a través de la fuerza, de la ley y la evangelización. A través de la
fuerza se castigaba la desobediencia, con la ley se ejercía el legítimo derecho
a esclavizar y con la evangelización se implementaban cánones morales para
moldear las conductas.
Como partícipe
de la conformación social se denota el papel de la mujer afro como generadora
de cohesión social a través de los vínculos de parentesco, es este agente muy
importante para el desarrollo de los procesos de la sociedad afro en Colombia,
pues es el puente y la base de la familia afro. Es por esta razón, que las sociedades afro de la región pacifica colombiana se
constituyeron como un matriarcado cultural dentro de un orden monárquico que se
regía bajo un patriarcado legal.
El capitán de
cuadrilla también fue un agente importante, pues refleja la heterogeneidad de
la sociedad colonial y la ambigüedad del papel que jugaba dentro de las
distintas culturas como mediador entre los españoles y los negros, bien sea
para llevar a cabo una orden del esclavizador o para solicitar beneficios para
los esclavos.
De ahí que esta
sociedad sea un conjunto social y cultural con una organización y un desarrollo
histórico propio que se ha gestado en medio de la interacción de diversas
culturas, como la indígena, la hispana y la mestiza donde ha jugado un papel
preponderante en la conformación de la sociedad Colombiana de nuestros tiempos.
Los sistemas simbólicos
religiosos reflejan el sincretismo cultural que conforma la
afrocolombianidad, en este caso se puede notar como el catolicismo hispano, el
sistema chamánico y el de sus orígenes africanos se ven manifestados en los
rituales religiosos y mágicos que llevan en fechas especiales de adoración al dios monoteísta
y a las fuerzas naturales animistas.
Además de esto,
los intercambios económicos de las diferentes culturas muestran que se gestó
una fuerte relación de reciprocidad entre indígenas y afros, también la lógica
mercantil nacional es un elemento de suma importancia en estos procesos, pues
generan en los sujetos culturales representaciones distintas a las
tradicionales. Aunque es preciso aclarar que existen espacios donde se genera
el cambio económico y cultural y espacios donde se reafirman los patrones de
cultura tradicional.
En síntesis, es
de vital importancia para el etnohistoriador tener claro los diferentes matices
históricos que se presentan en el estudio de las sociedades afrocolombianas en
el tiempo, a fin de no caer en simplismos esencialistas que lo explican todo de
una forma pasional que conlleva a una simple caricaturización de la realidad
cambiante y dinámica. Son los elementos interculturales los que el
etnohistoriador debe manejar para identificar en cada una de las diferentes
expresiones las relaciones históricas que las generaron.
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