La pertinencia social
de la historia para generar conciencia histórica en las escuelas del país
La
conciencia histórica es de vital importancia en las sociedades del siglo XXI,
pues a través de esta el ser humano contemporáneo puede comprender su presente
histórico y las versiones que sobre el pasado existen. Bien es sabido que
aquellos pueblos que no comprenden su historia deben adaptarse a líneas
temporales de otros pueblos, lo cual es peligroso para una sociedad que
pretende construirse bajo sus propios horizontes de expectativa, pues limita la interpretación del pasado nacional a líneas temporales ajenas que
favorecen procesos de colonización o extranjerización.
Por
esta razón, es de vital importancia que los futuros maestros de historia lleven
a las aulas de clase todas aquellas reflexiones que permitan formar una
conciencia crítica sobre la interpretación del pasado nacional. En vista de que
la formación de memoria histórica poco ha tenido en cuenta diversos aspectos críticos sobre la
interpretación del pasado, resulta necesario llamar a los maestros de historia a
desmitificar los procesos históricos que se vivieron en el país, los cuales se
encuentran encerrados en pasajes narrativos de héroes y villanos que limitan la
interpretación de procesos de cambio y continuidad.
De
ahí que el objetivo de los maestros en la enseñanza de la historia sea lograr que los estudiantes
comprendan los procesos cambio y continuidad en el tiempo y su influencia en
la realidad presente. Ya lo menciona Carretero y Montanero: “lo histórico se fundamenta,
ante todo, en el establecimiento de un sentido de continuidad y cambio entre el
pasado y el presente” (Carretero y Montanero, 2006, p: 135). Un pasado y un
presente que se pueden ligar a través de herramientas didácticas que el maestro
debe elegir para transmitir aquella conciencia histórica a sus estudiantes.
Una
dificultad que surge en la transmisión de contenidos históricos es el
presentismo y los prejuicios ideológicos que hacen que se interprete el pasado
con ideas anacrónicas, lo que exige la realización de un trabajo hermenéutico con los estudiantes
para que comprendan el pasado y a sus actores en su propio tiempo. “El
presentismo es un sesgo egocéntrico, relacionado con una carencia de empatía
histórica, que se traduce en una dificultad para comprender las acciones y
emociones de los actores en su contexto histórico” (p: 136). Esto es de vital
importancia para que los estudiantes no interpreten el pasado con prejuicios que pueden sesgar la forma en que critican los distintos procesos históricos.
Para esto, cabe recalcar que la ciencia histórica es de gran importancía en la desmitificación del pasado, dado que permite revelar aquellos discursos oficiales que imbuyen la capacidad crítica de los estudiantes y limitan la interpretación de un rico y
diverso pasado. “La posición por tanto más defendida entre los historiadores
es que no debería confundirse la historia científica con la memoria histórica.
La razón que se esgrime es que la historia científica es una trituradora de
memoria, la digiere y produce conocimiento” (Prats y Santacana, 2011, p: 20).
En
efecto, esto representa un reto para el educador que busca transmitir
contenidos de la disciplina histórica a los estudiantes, pues difícilmente podrá realizarse de
la misma manera que si se estuviera transmitiendo a científicos de la misma
disciplina. Debe el maestro generar estrategias que guíen su labor y despierten
el interés de los estudiantes hacia lo que se quiere transmitir. Ha de hallar
las herramientas adecuadas para construir con sus estudiantes una conciencia
histórica.
En
este sentido, la construcción empírica y teórica del maestro
para con sus estudiantes es vital, pues este debe encontrar una equilibrio entre su
experiencia como historiador-pedagogo y los contenidos de la ciencia histórica.
“El reto, por tanto, es conseguir organizar una enseñanza de la historia en la
que se conjugue la necesidad de conocer tanto los contenidos generados desde la
larga tradición científica como la de profundizar en los contenidos
procedimentales propios del historiador” (Gómez, Ortuño y Molina, 2014, p: 10).
Esto con el fin de generar un proyecto educativo de importancia científica y de
impacto social que forme ciudadanos dispuestos a generar conciencia
histórica en su contexto sociocultural.
Este
equilibrio debe tener en cuenta la relevancia que tienen los contenidos para
los estudiantes, pues de lo contrario todos los esfuerzos que se hagan para
transmitir un complejo teórico se verán nulos. El educador tiene que tener en
cuenta el contexto social en el cual se halla y ha de acceder a las realidades
sociales, culturales, económicas y psicológicas de sus estudiantes para
encontrar puntos de referencia en el inmenso mar de posibilidades didácticas.
Además
de esto es importante que el maestro comprenda su posición epistemológica
dentro de la historiografía. “La importancia o relevancia del pasado que se
debe enseñar y aprender depende del enfoque o la perspectiva desde la que se
muestre la disciplina histórica, la duración, el impacto social de ese proceso
o acontecimiento histórico y su importancia particular en el contexto donde se
enseña” (p: 15). los aspectos significativos en el aprendizaje de la historia son elementales para que el maestro ubique su propia posición histórica y la de sus estudiantes en la generación de una
conciencia histórica que se manifieste en operaciones mentales, cognitivas y
emocionales provechosas para la sociedad y su cultura, pues sin un interés profundo los estudiantes no lograrán
interiorizar los contenidos ni se percatarán del peso que tiene el pasado sobre
sus hombros.
Por
ello Perafán Cardona menciona que a través del conocimiento de el contexto
social y cultural en el que se encuentran
“los docentes de historia y ciencias sociales tienen la labor de
preparar a los estudiantes a fin de hacerlos más conscientes de la complejidad
que han adquirido los actuales fenómenos sociales, económicos, ambientales y
políticos como fruto de las lógicas con las que opera la sociedad, y a su vez
llevarlos a la comprensión de las diferentes acciones y diversos intereses de
los actores que operan en el marco de las dinámicas de análisis” (Perafán,
2013, p: 150).
Esto
es fundamental para fortalecer la conciencia histórica en los estudiantes, pues
“desde esta perspectiva, los procesos de enseñanza y aprendizaje de las
ciencias sociales contribuirán a mejorar la visión que de esta área tiene el
estudiantado, al reconocer su funcionalidad para lograr un acercamiento
estrecho del conocimiento social en conexión con el entorno en el que se
desenvuelve” (p: 152). Por lo tanto, se torna evidente que una buena enseñanza
de la historia transmite herramientas para el análisis de la propia realidad,
en este caso, la realidad de los estudiantes.
En
definitiva, el maestro debe esforzarse por adquirir un complejo teórico y un
armazón didáctico que le permita moverse dentro de cualquier contingencia, a
fin de garantizar que los estudiantes comprendan que la verdad histórica es
dinámica, que se transforma, que debe estar
en permanente construcción y que jamás será única e inamovible..
Bibliografía
-
Carretero M. &
Montanero M. (2008). Enseñanza y aprendizaje de historia: aspectos cognitivos y
culturales. Argentina: FLACSO.
-
Prats J. &
Santacana J. (2011). Enseñanza y aprendizaje de la historia en la educación
básica, ¿Por qué y para qué enseñar historia? (1ra edición). México: Gobierno
federal.
-
GÓMEZ, Cosme Jesús; ORTUÑO, Jorge; MOLINA,
Sebastián. Aprender a pensar históricamente. Retos para la historia en el siglo
XXI. Revista Tempo e Argumento, Florianópolis, v. 6, n.11, p. 05–27, ene.
/abr. 2014.
-
Perafán A. (2013).
Reflexiones en torno a la didáctica de la historia. Cali: Universidad San
Buenaventura.

Excelente aporte
ResponderEliminarAyúdanos a difundir , publicaremos mas contenidos
ResponderEliminarMe devolvi a mis tiempos de colegio me preguntaba por que mi maestros incurria tanto en la historia y ahora caigo en cuenta que debemos saberla ahora mas que nunca.
ResponderEliminarMuy buen aporte
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